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De todos los equilibrios que el ser humano se esfuerza por mantener, el más crucial es el existente entre lo acido y lo básico (o alcalino). El cuerpo humano debería ser alcalino y hará todo lo posible para conservar este equilibrio. El cuerpo es alcalino por su diseño y acido por su función. Eso significa que necesita combustible alcalino y que los ácidos se generan como subproducto de todas las actividades metabólicas.


Añade a esta actividad un enorme desequilibrio acido en la dieta y obtendrás una acidificación excesiva de las células, los tejidos, los órganos y por último, la sangre. Tal desequilibrio prepara el terreno para el caos, el malestar y la enfermedad.


En la sangre y otros fluidos de los tejidos corporales, resultan necesarias unas 20 veces más de base para neutralizar cierta cantidad de ácido, por lo que es mucho mejor y más sencillo mantener el equilibrio que recuperarlo cuando el organismo ha perdido la armonía.


Todos los mecanismos reguladores del organismo (incluidas la respiración, la circulación, la digestión y las funciones glandulares) trabajan para equilibrar el delicado equilibrio acido-base interno.


La acidez se pone de manifiesto a través de 7 etapas:

1. Perdida de energía.
2. Sensibilidad e irritación.
3. Mucosidad y congestión.
4. Inflamación.
5. Endurecimiento de los tejidos blandos (lupus, enfermedad de Lyme, fibromialgia, arterosclerosis, el sarro).
6. Ulceras.
7. Degeneración (cáncer, insuficiencia cardiaca, ictus, sida, esclerosis lateral amiotrofica, esclerosis múltiple, diabetes).


En las primeras fases del desequilibrio, los síntomas pueden no ser muy intensos y podrían incluir cosas tales como erupciones cutáneas, dolores de cabeza, alergias, resfriados, gripe y problemas en los senos paranasales. A medida que la situación va empeorando, surgen situaciones más graves. Los órganos y sistemas debilitados empiezan a ceder, dando como resultado unas glándulas tiroides, glándulas adrenales, hígado, etc., disfuncionales. Si el pH tisular se desvía demasiado hacia la acidez, los niveles de oxigeno descienden y el metabolismo celular se detendrá. En otras palabras, las células mueren…y tú mueres.
Para evitarlo, al vernos enfrentados a una gran cantidad de acido entrante, la sangre empieza a obtener minerales alcalinos de nuestros tejidos para compensar. Existe una familia de minerales básicos especialmente adecuados para neutralizar o eliminar la toxicidad de los ácidos fuertes, entre los que se encuentran el sodio, el potasio, el calcio y el magnesio. Cuando estos minerales reaccionan con los ácidos, generan unas sustancias mucho menos perniciosas que luego son eliminadas por el organismo.


Un cuerpo sano mantiene una reserva de estos minerales alcalinos para enfrentarse a situaciones de emergencia, pero si hay unas cantidades insuficientes en la dieta o en las reservas, se obtienen de cualquier otro lugar y pueden extraerse de la sangre (como el caso del sodio y el potasio), de los huesos o del cartílago (calcio) o de los músculos (magnesio) donde, por supuesto son necesarios.
Esto es solo la punta del iceberg. Si la sobrecarga acida es excesiva como para que la sangre la equilibre, el acido sobrante es vertido en los tejidos para su almacenamiento. Entonces el sistema linfático (inmunitario) debe neutralizar lo que pueda e intentar deshacerse de la cantidad restante. Desgraciadamente deshacerse del ácido en los tejidos significa volver a verterlo en la sangre, creándose un círculo vicioso de extracción de más minerales básicos, apartándolos de sus funciones normales y además de estrés que afecta al hígado y los riñones. Si el sistema linfático está sobrecargado, o si los vasos sanguíneos no funcionan correctamente, el acido se acumula en el tejido conjuntivo.


El cuerpo puede eliminar ácidos a través de la piel, dando lugar a síntomas como el eccema, el acné, forúnculos, dolores de cabeza, calambres musculares, agujetas, hinchazón, irritación, inflamación y los dolores y achaques generales. Los síntomas crónicos aparecen cuando se han agotado todas las posibilidades de neutralizar o eliminar los ácidos.


Cuando los productos de desecho ácidos se acumulan en el organismo y penetran en el torrente sanguíneo, el sistema circulatorio intentara deshacerse de ellos en forma líquida o gaseosa, a través de los riñones o los pulmones. Si la cantidad de productos de desecho a los que tiene que hacer frente es excesiva, se depositan en los distintos órganos y sistemas o aparatos, incluidos el corazón, el páncreas, el hígado y el colon, o son almacenados en el tejido adiposo, como en el de las mamas, las caderas, los muslos, el vientre y el cerebro. Conocemos esos depósitos con nombres como pólipos, fluidos, quistes, cristales de ácidos, tumores, verrugas, protuberancias, bultos, masas, manchas, lunares, ampollas, sacos, etc.


Este proceso de metabolización y eliminación de los productos de desecho ácidos también podría recibir el nombre de envejecimiento. En último término conducirá a enfermedades degenerativas entre las que se incluyen los cánceres.

Robert O. Young

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